La fundación y la inauguración de la Real universidad de Guadalajara

Inauguración

El 3 de noviembre de 1792, víspera de la fiesta de san Carlos Borromeo, y por lo tanto del onomástico del rey Carlos IV, en el Templo de Santo Tomás de Aquino se reunieron: el presidente de la Real Audiencia y vicepatrono real Jacobo de Ugarte y Loyola, y los oidores, los regidores del Ayuntamiento de la ciudad, los canónigos del Cabildo de la Catedral, el primer rector de la Universidad, los catedráticos y los estudiantes fundadores, para asistir a la solemne misa de acción de gracias que celebró el deán de la Catedral, licenciado Salvador Antonio Roca y Guzmán.

Al término de la misa pasaron todos al aula mayor universitaria, donde ocupó el asiento principal el vicepatrono real –que estaba bajo un dosel que servía de trono a las imágenes de los reyes de España–, quien ordenó al escribano de Gobierno que diese lectura a la Real Cédula de Fundación de la Universidad de Guadalajara. Al decir del rey, todos se pusieron de pie y al punto sonó la orquesta –que se había colocado en la puerta del aula mayor–, disparó la salva la tropa y repicaron todas las campanas de los templos de la ciudad. La lectura de la Real Cédula continuó y al final al escucharse las palabras “Yo el rey”, volvió a hacerse por todos la anterior demostración de respeto.

Después de ello se hicieron presentes el rector y el cancelario, quienes acompañados del alcalde ordinario, de los regidores y de los escribanos de Gobierno y del Cabildo, llegaron al bufete donde estaba la imagen de Cristo Crucificado y los evangelios, y se les tomó el juramento de fidelidad al rey. Se continuó con la lectura de la nómina de los catedráticos que hizo el escribano de Gobierno, quienes enseguida fueron llamados al recinto por el bedel, para que prestaran juramento ante el rector.

Al concluir el acto de toma de posesión del rector y los catedráticos, el vicepatrono real hizo sonar la campanilla para que diera principio la oración congratulatoria latina, que pronunció el catedrático de Vísperas de Teología, el doctor José Ángel de la Sierra, la cual fue recibida con gran aplauso de la concurrencia.

Finalmente, entre el júbilo de todos los habitantes de la ciudad, las autoridades civiles y eclesiásticas, y el Claustro universitario, se trasladaron en solemne cortejo al Palacio de Gobierno, donde el presidente de la Real Audiencia los cumplimentó con la magnífica recepción de honor.

La celebración se hizo extensiva a toda la ciudad, ya que las noches del 3 y 4 de noviembre se iluminaron las fachadas de todos los templos, colegios y casas, y se dieron muy concurridos bailes que ofreció el vicepatrono real en el Palacio de Gobierno.1


Referencias
  1. Iguíniz, La Antigua Universidad…, pp. 22-26. Crónica en la “Gazeta [sic] de México”. ↩︎