Los universitarios sin universidad

Quevedo y Zubieta, Salvador

Nació en Guadalajara, Jalisco, el 20 de noviembre de 1859. Fueron sus padres los señores María de los Ángeles Zubieta Maldonado y José Valente García de Quevedo y Portillo.

En el Seminario Conciliar de San José estudió Latín y Filosofía. Luego ingresó a la Escuela de Jurisprudencia de Guadalajara para cursar sus estudios profesionales, y recibió en 1879 su título de abogado.

Primero como estudiante y luego como profesionista, colaboró en las revistas literarias La Alianza Literaria, en su primera de época del 1° de marzo de 1875 al 13 de enero de 1876, y más tarde en La República Literaria, de marzo de 1880 a marzo de 1890, donde en 1887 publicó su cuento “Sepultados”.

En 1879 fue nombrado profesor de Gramática y Literatura Españolas en el Liceo de Varones del Estado de Jalisco.

Luego pasó a residir a la Ciudad de México, donde colaboró en los periódicos capitalinos La Constitución, El Republicano y El Telégrafo. Además fundó La Gaceta del Lunes, semanario político en el cual criticó enérgicamente el régimen del presidente de la república Manuel González, por lo que fue expulsado del país.

En 1882 partió a Europa, en el primero de sus exilios. En Madrid trabajó en El Día y en El Imparcial, ya para 1883 era corresponsal de prensa de varios periódicos en Londres, Inglaterra. En la capital española escribió Recuerdos de un emigrado (1883), publicados con prólogo de Emilio Castelar; y en la británica Un año en Londres. Notas al vuelo (1885), edición de Bouret, de París.

En 1884 regresó a México y de inmediato se dio al activismo político frente a la eventual reelección del general Manuel González, y nuevamente fue desterrado para su segundo exilio europeo.

De 1885 a 1895 residió en Francia y se matriculó en la Facultad de Medicina de la Universidad de la Sorbona de París. En 1894 se tituló de médico con la tesis “L’Hallaux Valgus”, por la cual le otorgaron la medalla de bronce de su Facultad.

Para 1897 ingresó al cuerpo diplomático de México. Se desempeñó como cónsul en Santander, España, y a partir de 1908 en Saint Nazaire, Francia.

A la par de sus actividades profesionales y diplomáticas se dedicó a la producción literaria. Así se convirtió en el primero en escribir –desde el español– en francés como lengua alterna. Además de su tesis profesional, publicó “Récits mexicains” y “L’etudiante, notes d’un carabin”, ambas en 1888.

Sus “Récits mexicains” fueron traducidos del francés al español por Guadalupe de la Peña, y publicados hasta 2002 con el título Narraciones mexicanas, las cuales se dividen en “Episodios mexicanos”, que incluyen “Cecilia”, “Juárez errante”, “Periquillo” y “Escontzin”; y “Diálogos parisienses”, con “El francés, lengua universal”, “¡Enterrados vivos!” y “El señor Severo”

Ya en pleno régimen porfirista, regresó a México e ingresó al cuerpo médico militar.

Otras de sus obras fueron El general González y su gobierno en México, tomos i y ii (1884 y 1885); Porfirio Díaz (1906); y El caudillo (1909).

Acerca de sus obras de carácter histórico, Pedro Ángel Palou escribe:

La generación de Quevedo y Zubieta corresponde precisamente a los literatos-periodistas quienes ejercían la crítica bajo sus trincheras; con sus artículos pusieron en evidencia la corrupción e ineficacia de los gobernantes y funcionarios públicos. El valor de algunos trabajos (sus crónicas) de Quevedo y Zubieta radica que desde allí en que son un testimonio de alguien que estuvo ligado a las esferas políticas y ejerció la crítica.1

Sus libros de relatos –además de los ya citados– fueron El lépero (1898); Campañas de prensa, Los consulados mexicanos y Socialismo (1913).

Las novelas que escribió fueron El carnaval de México (1879); La camada (1912); En tierra de sangre y broma (1921); México manicomio (1927); México marimacho (1933); Las ensabanadas (1934); y La ley de la sábana (1935). También produjo las obras de teatro Huerta (1916) y Doña Pía o el contrachoque (1919).

Sobre la calidad de sus obras literarias, Emmanuel Carballo escribe:

Quevedo es más valioso como novelista que como cuentista. Las características de sus obras extensas son las mismas que de sus textos breves: sabe crear personajes autónomos, engrandecer el interés de la historia que cuenta y describir científicamente los trozos de realidad que enjuicia junto con las criaturas que la habitan. 2

Para El Nacional hizo la traducción del francés, de Recuerdos de Ricardo Wagner.

Sus últimos años los pasó en el ejercicio de la medicina y en el cultivo de las letras, aunque olvidado. Como expresa Christopher Domínguez Michael, fue una “víctima del injusto olvido al que hemos sometido a la inteligencia porfiriana”. 3

Falleció en la Ciudad de México el 6 de julio de 1935. Una calle de su ciudad natal lleva su nombre.

Juicios y testimonios

Emmanuel Carballo: “Quevedo conoce a Émile Zola y a los Goncourt y pone en práctica sus hallazgos aplicados a la geografía e historia mexicanas. En algún punto coincide con Gamboa, y en otros (la psicología de las masas, la comparación del mundo porfirista con el mundo de los aztecas) va más allá”.


Referencias
  1. Quevedo y Zubieta, op. cit., p. 18. ↩︎

  2. Carballo, Diccionario crítico…, p. 198. ↩︎

  3. Quevedo y Zubieta, op. cit., en la contraportada. ↩︎