Biografías por órden alfabético

Alcalde y Barriga, Antonio


Nació el 14 de marzo de 1701 en la Villa de Cigales del Obispado de Valladolid, Provincia de Castilla la Vieja, España. Fueron sus padres los señores José Alcalde Hervás, conocido entre sus vecinos como el tío Chepe, e Isabel Barriga Balboa, quienes como escribió Mariano Otero,

no le legaron ni un nombre ilustre ni una posición ventajosa en la sociedad; mas dirigieron de tal suerte la sensibilidad exquisita de que lo había dotado la naturaleza, hacia los sentimientos religiosos, y le inspiraron tales hábitos de frugalidad y moderación, como el fundamento de su gran destino.1

Siempre se sintió orgulloso de su origen humilde. Se cuenta que teniendo que enviar una ayuda económica a su ya muy anciano padre, el secretario que rotulaba el sobre escribió:

Al señor don José Alcalde; pero el señor Alcalde al leerlo y con una sonrisa ingenua dijo: “No, pues si yo soy el primer don en mi casa. Este dinero va a perderse, porque nadie en España sabe quién es el señor don José Alcalde. A mi padre se le conoce por el tío Chepe Alcalde: que así se escriba”.2

De su infancia poco o nada se sabe. Carlos Ramírez Esparza en sus notas históricas “con un poco de fantasía”, narra que el pequeño Antonio tenía la costumbre de permanecer largas horas en la iglesia, hasta quedarse dormido, con lo cual provocaba el enojo del sacristán, quien lo prendía llevándolo a su casa e incitando a sus padres a regañarlo. Y al llegar el tío Chepe del trabajo, su esposa le decía:

–Pues nada, que el Antoñico volvió a lo mismo, que se va a la iglesia en cuanto puede y no sale de ahí hasta quedarse dormido, el sacristán ha venido con él a dar la queja.
–¡Pues qué hay que hacer mujer! ¡Que a lo mejor tenemos un curilla en casa!3

En 1717 ingresó al Convento de San Pablo de la Orden de los Predicadores en Valladolid, orden fundada por santo Domingo de Guzmán, donde hizo el noviciado y estudió Latín. El Curso de Artes de Filosofía lo realizó en el Colegio de San Gregorio –anexo al Convento de San Pablo–, graduándose de bachiller en Artes; continuó su carrera eclesiástica con el estudio de la Teología y recibió la ordenación sacerdotal en 1725.

De 1727 a 1759 fue maestro de Artes, Filosofía y Teología en los conventos y colegios de su Orden, en la Provincia de Valladolid. Según testimonio de fray Miguel de Santa María: “[Ha] enseñado filosofía públicamente y con mucho lucimiento en muchos conventos, como estudios generales y que tiene la doctrina que se requiere en un obispo”.4

Para recibir el bachillerato en Teología y la licenciatura cursó las cátedras teológicas superiores en el mismo Colegio de San Gregorio. En 1744 fue nombrado prior del Convento de Santo Domingo de Zamora. El 27 de abril de 1749, en el Capítulo Provincial celebrado en Toro, se postuló para lector de Teología, obteniendo la cátedra el 13 de mayo de 1753. Ese mismo día se le nombró vicario y prior del Convento de Jesús María en Valverde. En el Capítulo Provincial reunido en Benavente el 20 de abril de 1755, solicitó el grado mayor de maestro en Teología, recibiéndolo según el privilegio de la Orden de los Predicadores.5

En julio de 1760 el rey Carlos III lo visitó ocasionalmente en su celda del Convento de Valverde, lo que más tarde implicaría su nombramiento como obispo. Así lo narra Luis Pérez Verdía:

Valverde está situado entre quebradas cuestas que limitan su horizonte, y a cuyo abrigo se crían en abundancia liebres y conejos; por lo cual así como por su proximidad a Madrid, solía el rey Carlos III, que tan apasionado era de la caza, visitar sus alrededores. La tradición refiere que, cazando aquel gran monarca en una ocasión, y fatigado por ese ejercicio, quiso descansar en el Convento que le brindaba reposo y tranquilidad. Entró en él, y sorprendiendo al superior en su celda, quedó profundamente impresionado al encontrar tan sólo por menaje una tarima que sirviera de cama al monje, un cilicio colgado a la pared, una silla y una mesa con unos libros, un crucifijo y una calavera. Pocos días después, al dar al rey de España cuenta de la vacante que dejara en Yucatán el señor Padilla y Estrada, dijo a su ministro, a quien de antemano había comunicado sus impresiones de Valverde: “Nombre usted al Fraile de la Calavera, precisamente”.6

Sobre la veracidad de la anécdota, Mariano Otero afirma que la ha “oído referir generalmente y aún a personas de muy juiciosa crítica”.7 Pero que no puede ser él garante de su verdad o falsedad, pero “¡si tal fue la circunstancia que colocó al señor Alcalde en la silla episcopal, la anécdota es digna del monarca y del religioso!”.8

En 1761 fue nombrado prior del Convento de Santa Cruz de Segovia, pero al disponerse a asumir sus nuevas responsabilidades, el 18 de septiembre de dicho año fue designado obispo de Yucatán en la Nueva España.

El 14 de enero de 1762 el papa Clemente XIII firmó las bulas pontificias, confirmando su nombramiento episcopal. Y el 8 de mayo de 1763 en Cartagena de Indias fue consagrado obispo por el doctor Manuel Sosa y Betancourt, y viajó de inmediato a Yucatán.

El 1° de agosto de 1763 tomó posesión del Obispado de Yucatán. A los sesenta y dos años aprendió la lengua maya, y visitó dos veces los territorios encomendados a su jurisdicción pastoral; auxilió a los desamparados espiritual y económicamente, reformó las constituciones del Seminario Conciliar al cual intentó elevar al rango universitario y le dotó la cátedra de Teología Moral, y además sufragó los gastos de la enfermería de mujeres y camas especiales para sacerdotes enfermos en el Hospital de San Juan de Dios. Al sentirse los efectos de la plaga de langostas de 1769 a 1770, repartió innumerables donativos entre los afectados.

Del 13 de enero al 26 de octubre de 1771, asistió al Cuarto Concilio Provincial Mexicano, celebrado en la capital del Virreinato.

El 20 de mayo de 1771 fue designado obispo de Guadalajara, y tomó posesión el 12 de diciembre de ese año, siendo recibido con gran entusiasmo por la población novogalaica.

Dada la enorme labor del señor Alcalde al frente del Obispado de Guadalajara se presenta en tres apartados: el religioso, el asistencial y el educativo.

Para iniciar su gestión episcopal hizo acopio de datos sobre la administración y economía del extenso Obispado, que comprendía entonces los territorios de los actuales estados de Jalisco, Colima, Zacatecas, Aguascalientes, San Luis Potosí, Nuevo León, Coahuila, Texas y parte de la Luisiana, que integraban doscientas parroquias y una Catedral con veintisiete canonjías. Y varias veces realizó la visita pastoral al enorme territorio encomendado.

Reparó iglesias y conventos, además de construir el Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe –cuya obra inició en 1777 y concluyó en 1781–, en cuyo altar mayor se encuentra la imagen de la Guadalupana del pintor José de Alcíbar, regalo del abad Juan Joaquín Sopeña al señor Alcalde. Además dejó el dinero para la futura construcción de El Sagrario Metropolitano.

En el campo asistencial se convirtió en el primer promotor de la vivienda popular probablemente de toda América, lo cual hizo realidad en el barrio del Santuario, además de instalar cien telares como fuente permanente de empleo. Dichas viviendas distribuidas en dieciséis cuadras tuvieron un costo de 240,835 pesos. El inquilino se obligaba a colocar en la calle las luces del alumbrado en unas covachas que había en el dintel de cada habitación y fueron popularmente llamadas “Las cuadritas”. En la actual avenida Alcalde número 576, queda aún en servicio una de ellas.

Entre 1785 y 1786 la región novogalaica sufrió del hambre y de la peste, entonces fray Antonio distribuyó grandes cantidades de dinero para que se compraran alimentos con anticipación y se repartieran en el momento oportuno. En unión a los canónigos de la Catedral, prestó ciento veinte mil pesos sin intereses a las autoridades para la compra de semillas. También gestionó la apertura de un hospital en el edificio del Colegio de San Juan Bautista, e instaló cocinas gratuitas para dar de comer hasta a dos mil pobres diariamente, y auxilió muy especialmente a los habitantes de Mazapil.

Así lo describe Mariano Otero: “El obispo a pie y con los ojos humedecidos, recorría todos los barrios, y penetrando hasta el sucio lecho de los moribundos, repartía en persona y con un celo infatigable, alimentos, medicinas y vestidos”.9

Sin lugar a dudas, su obra asistencial cumbre fue la fundación del Real Hospital de San Miguel de Belén, más tarde Hospital Civil. Todos los días fray Antonio rezaba: “La salud del pueblo es la suprema ley”.

¿Cómo podría estar su conciencia ante las cincuenta mil personas que habían fallecido en 1786 en la Nueva Galicia, que contaba apenas con un deficiente hospital que por su ubicación –donde hoy está el Mercado Corona– propagaba el contagio? Y emprendió inmediatamente esta monumental obra, que tendría siete salas con mil camas para los enfermos, dos manicomios para hombres y mujeres, botica, habitaciones para los empleados, iglesia y cementerio. Y además dejó un cuantioso capital para su subsistencia.

El 3 de mayo de 1794 fue inaugurado el hospital ya sin la presencia de su fundador, quien ni siquiera –afirma Alberto Santoscoy– “quiso ir a verla [la obra] cuando estaba muy adelantada, por temor de que le asaltase la más ligera vanidad”.10

Por su parte, Carlos Ramírez Esparza afirma que en 1941 leyó un texto grabado en unas canteras del Hospital, que decía: “Aquí en este lugar Fray Antonio Alcalde practicó la primera curación de este Hospital. Día X, Mes Z de 1792”.11 Discusiones aparte, por más de doscientos años la dedicatoria del Hospital: “Fray Antonio Alcalde: a la humanidad doliente”, es una realidad al servicio de los pobres de Guadalajara y de Jalisco.

Su labor educativa también fue de grandes alcances, y sus notables esfuerzos articularon el establecimiento de todos los niveles educativos en Guadalajara, al emprender las siguientes acciones:

  1. El 23 de abril de 1783 fue la apertura de la escuela pública para niños anexa al Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe, la cual dotó con 11,000 pesos, edificio, sueldo de 400 pesos anuales y casa para el maestro, además de repartir gratuitamente los libros elementales y los demás materiales didácticos.
  2. En una época en que la condición social de la mujer era ínfima, ya que no se consideraba muy necesario que las mujeres aprendieran a leer y a escribir, en 1771 donó 10,000 pesos para becas de niñas desvalidas para el Colegio de San Diego. El 13 de febrero de 1782 asignó 70,000 pesos al Beaterio de Santa Clara, trasladándolo desde un edificio arruinado que se encontraba en las cercanías del Templo de Nuestra Señora del Pilar a uno nuevo en el barrio del Santuario, dando origen a las maestras del Colegio de Caridad y Enseñanza cuya misión fue atender a las niñas pobres. El plantel en muy poco tiempo llegó a matricular hasta cuatrocientas estudiantes.
  3. La enseñanza media se impartía en aquel entonces en el Seminario Conciliar de San José y en el Colegio de San Juan Bautista, a los cuales impulsó, y dotó con 14,000 pesos las cátedras del segundo establecimiento citado.


Y finalmente, culminó su obra educativa al convertirse en el fundador de la Real Universidad de Guadalajara, al emprender las siguientes acciones:

  1. El 10 de diciembre de 1790 hizo la dotación de dos cátedras universitarias: una de Prima de Cánones y otra de Leyes con 20,000 pesos. Y al morir heredó a la Universidad 40,000 pesos más, para el mismo fin. Además, comprometió a los canónigos de Catedral para que aportaran los 10,000 pesos que faltaban y así completar el patrimonio de la incipiente Universidad.
    Para valorar la dimensión de sus donaciones, considérese que sólo se podía fundar la Universidad si se contaba con 95,298 pesos, de los cuales él aportó 60,000 y además consiguió los 10,000 restantes de los canónigos de su Catedral.
  2. El 17 de marzo de 1775 ya había contestado la Real Cédula acerca de la conveniencia para fundar la Universidad. Señaló como objetivo principal de la Universidad “el adelantamiento de la juventud que por falta de Universidad se atrasan en los estudios”.12
  3. Prometió dotar adecuadamente las cátedras para que los maestros “tengan un sueldo apetecible y que les dé motivo a perseverar en sus cátedras respectivas y llenen el nombre de tales catedráticos y que no las tomen como medio para lograr otra conveniencia”.13
    Así, en conmovedoras palabras escribió: “Aunque yo deje de comer; pero sin hacer falta [...] a las innumerables indigencias de tantos pobres, me obligo a dar a cada uno de los dichos catedráticos, cuatrocientos pesos anuales [...]”.14
  4. Contribuyó a que el rey aplicara al patrimonio universitario las antiguas dependencias y temporalidades del Colegio de Santo Tomás de los jesuitas.
  5. Influyó –como ya se mencionó– al Cabildo Eclesiástico para que donara los 10,000 pesos faltantes para el fondo dotal de la Universidad.


Finalmente, el 18 de noviembre de 1791, el rey Carlos IV otorgó la Real Cédula de Fundación de la Universidad de Guadalajara, con gran júbilo de fray Antonio, quien de común acuerdo con el presidente de la Real Audiencia Jacobo Ugarte, nombró al doctor José María Gómez y Villaseñor como primer rector de la novel Universidad, misma que se inauguró el 3 de noviembre de 1792, ya sin la presencia física del fundador quien había fallecido tres meses antes.

Opinan que fray Antonio es el fundador de la Universidad de Guadalajara:

Mariano Otero: “La Universidad ya instalada no tenía recursos y, por consiguiente, servía de muy poco; mas el señor Alcalde no sólo le procuró buenos profesores, sino que le donó sesenta mil pesos y consiguió de la Corte que se le aplicasen los bienes de temporalidades de los extinguidos jesuitas”.15

José Montes de Oca: “Dado el papel preponderante que en la proyección y erección de la Universidad de Guadalajara, tuvo don Antonio Alcalde, a este ilustre obispo es necesario considerarlo como el verdadero fundador de nuestra Universidad, aunque desde el punto de vista puramente formal fue el rey Carlos IV quien otorgó la fundación”.16

José Guadalupe Zuno: “Sobrevino desgraciadamente la muerte de su fundador, el señor obispo fray Antonio Alcalde”.17

En el mismo sentido opinan Juan Bautista Iguíniz, Alberto Santoscoy y Ramiro Villaseñor y Villaseñor; en cambio, Carmen Castañeda sostiene que quien en realidad mantuvo la iniciativa de la fundación fue el Ayuntamiento de Guadalajara.

Su obra bibliográfica se concentra en escritos básicamente eclesiásticos, a saber: edictos, cartas pastorales y un Catecismo de Párrocos para instruir a los niños, escrito en coautoría con el obispo de Puebla, Francisco Fabián y Fuero, en el año de 1771.

Para su natal Villa de Cigales envió los recursos necesarios para la reparación y terminación de las obras del Templo parroquial de Santiago Apóstol, además fundó una escuela de primeras letras y el Hospital de San Juan Evangelista.

Si bien se desconoce el monto total de las limosnas, fundaciones y donativos hechos por fray Antonio, al acaecer su fallecimiento se calculó en un millón noventa y siete mil trescientos veinte pesos, de los cuales había aplicado 16.39% a obras educativas, 17.93% a obras religiosas y 55.71% a obras asistenciales. Pero habría que agregar las donaciones para las obras de su natal Villa de Cigales, y todas aquellas que no quedaron registradas, sobre todo las ayudas anónimas que dio a tantos pobres.

¿De dónde procedían los recursos que tan certeramente aplicó el Fraile de la Calavera, en beneficio de los más necesitados? El cura de Cigales, Mariano San José Díez, responde: “El dinero para las limosnas salía de las rentas episcopales y de las limosnas recogidas de los fieles”.18

A las cuatro de la mañana del 7 de agosto de 1792 falleció el Fraile de la Calavera en medio de un gran sentimiento de los habitantes de Guadalajara y de toda la región. Se le inhumó en el altar mayor del Santuario de Nuestra Señora de Guadalupe y su corazón se conserva incorrupto en el Convento de las Capuchinas.

Se le dedicó el que se considera el primer libro impreso en Guadalajara, en la imprenta de Mariano Valdéz Tellez-Girón, titulado: Elogios fúnebres con que la Santa Iglesia Catedral de Guadalajara ha celebrado la buena memoria de su prelado el Ilmo. y Rmo. Señor Mtro. D. Fr. Antonio Alcalde.

Una gran avenida, una colonia, un parque, un mercado de Guadalajara y la presea que otorga la Universidad de Guadalajara a sus catedráticos por cuarenta años de magisterio, llevan su nombre. En el jardín del Santuario de Guadalupe de Guadalajara y en la Villa de Cigales se colocaron estatuas con su figura. Además en Valladolid y Cigales se le dio su nombre a sendas calles.

En 1892, al cumplirse el primer centenario de su fallecimiento en Guadalajara, se le tributaron solemnes homenajes, los cuales consistieron en certámenes escolares, exposición de objetos que le pertenecieron, solemne misa pontifical que celebró el arzobispo Pedro Loza, desfile de carros alegóricos, velada artística en el Teatro Degollado, y Alberto Santoscoy y Luis Pérez Verdía escribieron dos notables biografías.

En 1992, al conmemorarse el segundo centenario de su fallecimiento, el Gobierno del Estado de Jalisco, el Concejo Municipal de Guadalajara, la Universidad de Guadalajara, el Arzobispado de Guadalajara, el Hospital Civil de San Miguel de Belén y la Sociedad Médica de Guadalajara, solemnizaron el acontecimiento con los siguientes actos: la función de gala en el Teatro Degollado del auto sacramental titulado Alcalde de Vivian Blumenthal, el ciclo de conferencias sobre la historia de la medicina, la exposición de sus objetos y documentos personales, la sesión solemne de homenaje del Congreso del Estado, el hermanamiento de la Villa de Cigales con la ciudad de Guadalajara en sesión solemne de Cabildo tapatío, las misas oficiadas por el cardenal arzobispo Juan Jesús Posadas Ocampo en el Santuario de Guadalupe y en el repartidor del Hospital Civil de San Miguel de Belén, la develación de su estatua en el Jardín Botánico; asimismo se dio su nombre a la Preparatoria del Seminario Conciliar con reconocimiento de la Universidad de Guadalajara, y la xxxi generación de Bachilleres de la Escuela Preparatoria número 5 también llevó su nombre, además el Concejo Municipal de Guadalajara publicó el libro Fray Antonio Alcalde, Obispo de Indias.

En 1994 la Arquidiócesis de Guadalajara inició su proceso de beatificación, y fue declarado Siervo de Dios. En el 2000 el último resto de las “cuadritas” fue transformado en el “Albergue fray Antonio Alcalde”, para aquellos familiares de los enfermos del Hospital Civil, con el fin de que ahí puedan hospedarse gratuitamente.

En 1996 la liv Legislatura estatal lo declaró benemérito del estado de Jalisco. Con motivo del tercer centenario de su nacimiento en 2001, el Congreso del Estado de Jalisco acordó la inscripción en letras doradas de su nombre en el recinto legislativo en sesión solemne y dio su nombre al hospital que fundó. Asimismo, el cardenal arzobispo Juan Sandoval ofició la solemne misa en el Santuario de Guadalupe, a la cual asistieron varios de sus parientes.

El 31 de octubre de 2003 por primera vez su generoso corazón visitó un recinto universitario, al ser recibido en el campus del iteso, en solemne sesión académica. El 7 de agosto de 2014 se colocó un cuadro al óleo de su figura sobre su sepulcro en el Santuario de Guadalupe. El 6 de agosto de 2015 se estrenó la “Cantata al Fraile de la Calavera”, cuya autoría es de Héctor Manuel Salcedo, en el Santuario de Guadalupe. Y el 15 de noviembre de 2016 en la sesión ordinaria del Cabildo del Ayuntamiento de Guadalajara, se acordó por unanimidad de votos declarar “2017: Año del Legado Humanitario de Fray Antonio Alcalde en Guadalajara”.

Su nombre también fue inscripto en letras doradas en el salón de Cabildos del Ayuntamiento de Guadalajara. En 2014 y en 2015 respectivamente, sus obras principales, la Universidad de Guadalajara y el Hospital Civil, fueron declaradas beneméritas por el Congreso del Estado de Jalisco.

Juicios y testimonios

Edward A. Gibbon: “Por doquier he visto perpetuar la memoria de este hombre por mil títulos nobles en esta Guadalajara, donde el viajero tropieza a cada paso con algún noble pensamiento realizado por él; con algún edificio de filantrópica grandeza, como el Hospital de Belén, el Sagrario, la Universidad o el Santuario de Guadalupe. Por doquier me han hablado de él como el gran protector amado de esta tierra [...]”.


José de Jesús Jiménez López: “Una gran figura brilla en el siglo xviii en la Iglesia de Guadalajara: fray Antonio Alcalde. Su obra social se adelanta a su época. Es promotor de la vivienda popular una de las conquistas de que se gloría nuestro tiempo [...] Estableció escuelas para varones y niños, gratuitas y hasta provistas de material escolar para ser repartido entre los pobres. Se adelantó a los textos gratuitos. En tiempos de gran escasez de víveres, él los proveyó a más de dos mil pobres diariamente. Había realmente vivido la opción por los pobres”.


Mariano Otero: “A Alcalde no tocaba ya como al inmortal Las Casas, luchar delante del trono con bárbaros conquistadores para economizar la sangre de sus hermanos; mas tenía que suavizar la suerte de las generaciones ya esclavizadas, y que oponer a la obra de la barbarie y la tiranía, los esfuerzos de la ilustración y la caridad. ¡Tarea no menos difícil que llenó en cuanto le era posible!”.


Jesús Reyes Heroles: “Admira en nuestros días ver la espléndida obra educativa de Alcalde, y la fundación de un hospital de mil camas, lo que aún en la actualidad es de gran dimensión y difícil de superarlo”.


Amado Ruiz Sánchez: “¡Oh, fray Antonio Alcalde, símbolo de verdad, de amor y de humildad, renace en el corazón anemiado de los hombres de este siglo descentrado, de quiebra de virtudes y de desorientación social!”.


Referencias
  1. Mariano Otero, “Noticia biográfica del señor Alcalde, obispo de Guadalajara”, Obras, Recopilación, selección comentarios y estudio preliminar de Jesús Reyes Heroles, tomo ii, México, Porrúa, 1967, p. 391. ↩︎

  2. Carlos Ramírez Esparza, Tiempo de Aguas 1792, Guadalajara, Colegio Internacional, 1984, pp. 50-51. ↩︎

  3. Ibid., p. 38. ↩︎

  4. Archivo Secreto del Vaticano (ASV), “Expediente justificativo e informativo del padre maestro fray Antonio Alcalde. Villa de Madrid, el 21 de octubre de 1771”. ↩︎

  5. Idem↩︎

  6. Luis Pérez Verdía, Biografías. Fray Antonio Alcalde. Prisciliano Sánchez, Guadalajara, Universidad de Guadalajara, 1981, pp.47-48. ↩︎

  7. Otero, op. cit., p. 392. ↩︎

  8. Ibid., et loc. cit↩︎

  9. Ibid., p. 394. ↩︎

  10. Alberto Santoscoy, “Veinte años de beneficencia y sus efectos durante un siglo”, Obras completas, Guadalajara, Unidad Editorial del Gobierno del Estado de Jalisco, tomo i, 1984, p. 245. ↩︎

  11. Ramírez Esparza, Tiempos de aguas…, pp. 54-55 ↩︎

  12. José Ignacio Dávila Garibi, Apuntes para la Historia de la Iglesia en Guadalajara, op. cit., tomo iii, p. 1001. ↩︎

  13. Ibid., p. 1003. ↩︎

  14. Dávila Garibi, op. cit. et loc. cit↩︎

  15. Otero, op. cit., p. 393. ↩︎

  16. José Montes de Oca, Historia de la Facultad de Derecho…. ↩︎

  17. José Guadalupe Zuno, Retrato de Guadalajara, Guadalajara, Universidad de Guadalajara,1973, p. 83. ↩︎

  18. Mariano San José Díez, Fray Antonio Alcalde, obispo de Indias, Guadalajara, Concejo Municipal de Guadalajara, 1992, p. 81. ↩︎